Fin de año 2016/17
Otro año que comienza y otro año que
termina…..
Y como últimamente, nos disponemos a
vivir este cambio lejos de nuestras entrañables tierras, esta vez nos dirigimos
a Plasencia, de la que poco sé, cosa que no me preocupa, descubrir sitios es
una actividad muy agradable.
Viaje fantasmagórico entre la niebla
escarchada, se adivinaba un paisaje exquisito a la vez que efímero, ya que los
rayos del sol, lo hicieron desaparecer.
Como ya es más que habitual la primera
entrevistas con los lugares que visito no es buena, no pasa nada porque así
todo mejora y eso es mejor que lo contrario.
Plasencia es demasiado pueblo, demasiado
mezcla y demasiado contraste: grandes e imponentes monumentos, zonas
descuidadas, con el letrero de “se vende o se alquila”, humedad, tiendas de
todo tipo y entre sus gentes, la misma diversidad.
La mejor sorpresa, el alojamiento, esta
vez no decepciona, agradezco sobremanera la posibilidad que ofrece Paradores de
vivir en monumentos tan cargados de historia y con arquitecturas tan
excepcionales, un castillo, un palacio, un convento, ¿de que otra forma podríamos
los ciudadanos de a pie poder disfrutar estas experiencias únicas?, verdaderas
inmersiones en la historia, cada rincón, cada cuadro, cada tapiz, los muebles
hablan de un pasado y unos personajes desdibujados por el tiempo, pero que el
hecho de estar aquí y con la ayuda de
google nos acercamos de forma invariable a ellos.
Es muy agradable pasear por todas las
estancias, jardines, salones, casi se puede escuchar el susurrar de los muros,
la frase “si los muros hablaran” aquí viene a mi mente de forma persistente,
creo escuchar historias, vidas, y como no, pienso en lo inhóspito de estos
lugares en invierno, cuando la climatización que disfrutamos ahora no existía.
El parador de Plasencia está ocupando el
espacio del antiguo convento de san Vicente Ferrer, según cuenta la leyenda,
los señores de aquél entonces, sufrieron la perdida de su hijo pequeño, y la
madre imploró al santo por su hijo, el niño resucitó y como ofrenda mandó
construir este convento.
El claustro es imponente, como casi
todos, me atrevo a decir que no hay claustro feo, no lo hay. Lo circundan 2
plantas de galerías acristaladas, que constituyen unas estancias muy bien
acondicionadas.
Destaco la ubicación del bar, lo
atraviesa una imponente escalera de granito, que no se puede describir, a las
fotos me remito. También hay una sala capitular con una encanto especial, llama
la atención de todo el mundo, el refectorio, es el actual comedor, con su pozo
interior, su pulpito…precioso.
Como buen convento, tiene silencio, tiene
paz, es un espacio tranquilo, muchos pasillos están decorados con dibujos, que
yo me atrevo a decir que tienen un toke femenino, veo a alguna novicia
dibujándolos en algún patio.
Está muy bien situado, a pocos metros de
la plaza mayor, es una plaza con mayúsculas, que nos ha recibido con un
mercadillo lleno de puestos de fruta, flores, productos típicos…y con la vida
que solo las plazas de los pueblos tiene.
Uno de los accesos culmina en la calle
del sol, totalmente comercial, la milla de oro, estrecha y por lo tanto
abarrotada, en estas frías fechas navideñas, este calor humano es de agradecer.
Vamos todos tan tapados que solo la ropa
me da información de cada cual, hay personas de todo tipo, aparecen de nuevo
imponentes abrigos de pelo que hace tiempo habían sido sustituidos impunemente
por los plumas…pelo, plumas…. Nos abrigan los animales y poco que se lo
agradecemos.
La comida en el restaurante u ofertorio
ha sido correcta, lo que yo he tomado, me ha transmitido la sensación de haber
sido elaborado tiempo atrás… pero el trato del personal es impecable, de una
amabilidad sin excesos y correcta, se agradece mucho, la humanidad sigue siendo
el mayor capital de los lugares, aportan vidas diferentes a cada sitio, el
recuerdo sería distinto con otras personas y otro trato.
En el paseo de la tarde he visto el
colegio, entrañable, solo el edificio me ha contado tantas cosas, he creido
verlo lleno de niños, como todos los niños, pero diferentes, el crecer en un
lugar tan monumental, tan visitado y con este clima húmedo, les hace diferentes
y únicos, el huerto me ha encantado, con su invernadero, y mesas de trabajo o
de merienda o no se de que más, hechas con viejos pupitres y pizarras viejas…..
cuanta vida y cuantas historias…
Por la tarde hemos disfrutado nuevamente
de nuestra casa en Plasencia, de su singularidad, pero el plato fuerte como
casi siempre ha sido a última hora, la bodega del convento, transformada en
zona de copas, preciosa, si las monjas la vieran…que estancia más acogedora, la
decoración, el servicio, todo impecable, un rato para terminar el día la mar de
confortable, no hay día malo con ese final.
Día 31 de diciembre
Feliz idea ha sido salir de excursión, hemos
ido a Hervás, un pequeño gran pueblo en dirección a Salamanca, y no sé si la
proximidad a Salamanca o lo que ha sido, pero que pueblo más interesante, la
creatividad de sus habitantes se ponía de manifiesto a cada paso, lo más bonito
ha sido la fuente chica, un entorno natural de un puente de piedra sobre un
pequeño rio, nuevamente me tengo que remitir a las fotos, no tengo palabras.



En este pueblo tengo que decir que lo
mejor está en la peor zona, me explico,
Toledo, Oporto, Alcalá del Jucar y Hervás, son pueblo que crecen en la
margen de un rio, apiñados, formando un conjunto impresionante y este conjunto
cobra todo su explendor cuando cruzas al otro lado del rio, que no es la parte
más cuidada, ni la más antigua, ni la más edificada, pero sin embargo ofrece la
mejor vista, la que no podrias ver
de otra forma, entonces lo peor se convierte en lo mejor…..
Hoy ha pasado eso, el pueblo es precioso,
lleno de rincones, con una judería de película, pero lo mas impresionante lo
hemos visto al cruzar el rio y subir una cuesta….fotos.
Hay un museo de automóviles y motos
antiguos, con una estética muy creativa, lo he visitado por fuera, parecía no
haber nadie, pero mira a Hervás con atención, bajando nos han abordado dos
lugareños que dicen que nos han visto cuando casi nos caemos al rio…y nos han
invitado a entrar a su huerto para hacer fotos, muy amables, como todos los extremeños
con los que nos hemos cruzado.
Recomendable también la hospedería del
convento, donde tomamos café y visitamos su modesto pero precios claustro, lo
dicho de los claustros.
Nuevamente en carretera, nos hemos
acercado a un pueblo que en realidad no existe y por eso no estaba en las
indicaciones de la autovía y ha sido un chico gasolinero, amigo de Iniesta
quien nos ha encaminado certeramente, el GPS andaba ….
Sorpresa es poco, ha sido alucinante lo
que nos esperaba al final de un penoso camino que parecía llevarnos a la
Terrera y sin embargo ha terminado en un pequeño paraíso. Un embalse, el de
Gabriel y Galán, y en lo alto: Granadilla
Un pueblo ya deshabitado, del siglo X
construido todo de pizarra, amurallado, con un torreón impresionante y como anfitriona
una cervatilla, mansa, cercana y hermosísima.
Lo hemos visitado con una cierta premura,
sus calles nos han contado mil historias, las vistas del pantano preciosas, la
plaza, la calle mayor… la subida al torreón…y la pena que he sentido a saber su
historia: fue expropiado en el año 1960, porque al hacer el pantano las tierras
de labor que lo abastecían y los accesos quedaban inundados, increíble un
pueblo fundado por los musulmanes en el siglo x, hoy en día el sacrificado
hubiera sido el pantano casi seguro…que gran pena que dos cosas tan hermosisimas
no hayan podido convivir juntas, las cosas son así.
Ahora forma parte de un plan de
restauración donde acuden estudiantes semanalmente a restaurarlo y vivirlo,
algo se ha salvado, pero no puedo dejar de pensar en las personas que un día
dejaron sus casas en un entorno así, imposible de sustituir…
Uno de los visitantes decía tener carnét
de identidad de Granadilla… el sabrá.
Con emociones encontradas, volvemos a
Plasencia a punto para la visita guiada que nos regalaba al parador a todos los
que pasamos aquí la nochevieja.
La guía un 10, por lo que ha contado y
por como lo ha contado, plato fuerte la catedral, de pensar que podía haber
pasado por Plasencia sin conocer una historia tan impresionante y tan bien
contada….. me ha llevado a tomar una decisión, intentaré por todos los medios y
en base al respeto, acercarme a los sitios y a sus relatos, sin duda es
imperdonable no hacerlo.
Dos catedrales unidas, o separadas,
alucinante, hicieron una que respondia a las necesidades del momento y cuando
Extremadura tuvo conquistadores y quería situarse en el tiempo y el espacio,
Pizarro… decidieron hacer una gran catedral, que según avanzaba, la antigua se
iba destruyendo…la nueva tiene la parte de la cruz de una catedral, y la vieja
tiene las 3 naves, en un momento de crisis (bendita crisis) tuvieron que
detener las obras, de una forma provisional pensaron entonces, pero
afortunadamente se tomo conciencia de lo que se iba a destruir, estaban a las
puertas del claustro y decidieron que las dos catedrales tenían que
convivir……que historia más bonita y ver como están juntas es alucinante. Punto
fuerte, fuertísimo de Plasencia, y con guía, no de otra forma, el tema lo
merece y el que allí llegue también.
El entorno es determinante y este lo es
mucho, el coctel lleno de glamour, como no podía ser de otra manera, la cena en
el ofertorio, flojilla, me doy cuenta que lo que se supone una buena cena, no
tiene nada de eso, mezcla, salsas, sabores y colores….mejorable o al menos
desde mi punto de vista, creo que mi concepto de la alimentación está cambiando
en serio, días así tomo conciencia de ello, ya veré como gestiono este tema.
Todo se ha animado con los gorros, que
gorros… un trozo de papel albal de colores, metido en una prensa.. que risa por
Dios, lo que me he reído de vernos y a partir de ahí el baile en el marco
incomparable del bar, bajo la escalera volada…..que recuerdo más bonito y
cuantas personas vienen con nosotros.
Genial el fin de año 2016, agradecida por
haber vivido una experiencia tan bonita y enriquecedora, se va otra persona distinta
a la que vino, pasé por aquí y cambie, gracias Plasencia



















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