Este es un día no carente de emociones de
muchos tipos, está la emoción principal de recordar un poco más si cabe a mis
padres con mucho cariño y más respeto, eso es hermoso, me sitúa en mi sitio y
me recuerda quien soy y de donde vengo, también me recuerda la felicidad de
estar viva y de no perder ni un minuto, la vida es un privilegio y hay que
disfrutarlo con sentido y con medida, pero también con intensidad.
Me asaltan recuerdos de toda mi vida, la
forma en que se vivía este día en mi infancia…las flores en el cementerio y
todo lo que llevan consigo, era el momento clave, la visita a las tumbas
conocidas y desconocidas, con ese abrigo recién estrenado y con la sensación de
que yo nunca estaría allí…era si cabe, divertido a la vez que morboso.
En casa había una palomillas encendidas,
una especie de velas flotando en agua y aceite, iluminando caminos, que ahora
sé que hay que iluminar.. y la seriedad, la ausencia de risas, la sensación de
que se acababan de ir nuestros seres queridos.
La calle y el resto de casas
reflejaba una sensación parecida, solo iluminada por Don Juan Tenorio y Doña
Inés, ¡que maravilla¡, nunca supe donde estaba la conexión de un día así con
dos figuras tan particulares, el todo frivolidad y ella toda pasión y control
de emociones desbocadas, como no recordar ese Juan Diego, Javier Escrivá…todos increíbles, pero mi Doña Inés favorita ha sido y será Mª José
Gollanes, que con su voz, con su gesto y con todo su cuerpo, vistió de ternura
el personaje…hermoso recuerdo.
Esto es nuestra tradición, la que las
personas de mi edad y mayores hemos vivido, ni es buena ni mala, solo nuestra,
y si tenía que cambiar algo que no lo sé, seguro que no era dejarse
usurpar
por una tradición extranjera, grotesca, comercial, y burlesca, que ha puesto
patas arriba todas las sensaciones antes descritas, las nuevas generaciones
poco sabrán de ello, solo de disfraces horrorosos, músicas tétricas y
pretendidas fiestas….
En estos días viendo a personas de todas
las edades penosamente disfrazadas, apareció la imagen de un Tenorio y una Inés,
no sé de donde ni quien encendió esa brillante luz, me encantó y pensé que el
cambio podría haber sido: que todos por un día fuéramos tenorios e Ineses,
recitando aquello de : “no es verdad ángel de amor que en esta apartada
orilla…..”
hermosas palabras que no nos haría ningún
mal, seguro, y sería lo nuestro…..quien sabe lo mismo a alguna macrodiscoteca y
algún señor Flores intrépido se le ocurre hacer una apuesta por la tradición y
recuperamos ese soplo de cultura, respeto e identidad.
Si, estoy un poco molesta por la
situación, ha sido una de esas invasiones fáciles, que nosotros solos cogemos y
hacemos nuestras, a veces de una forma corregida y aumentada, sin pensar lo que
destruimos, y lo que les quitamos a las generaciones venideras, ¿tenemos
derecho a hacer algo así?
Las tradiciones casi nunca tienen sentido
ni explicación, pero nos definen y no cuesta tanto mantenerlas.
Yo
también he sido de las que dicen que llevar flores ese día es hipocresía y
postureo y lo pienso, por eso hago mis adaptaciones, pero con estos ojos
hermosos que me acompañan en este momento, defiendo la tradición, con pequeñas
adaptaciones como digo, pero la defiendo.
Y hablando de flores, en mi familia nunca
vi gastar grandes cantidades de dinero en flores, se cultivaban las crestas y
se compraban unos pocos crisantemos, como en casi todas las familias y movidos
por esos pequeños cambios y vanidades los cementerios se han convertido en
hermosisimos jardines, en un afán de “yo mas” increíble, eso me descuadró
siempre, y por eso también miré con ternura el pino criado por el mismo, que mi padre le llevaba a mi madre mientras
pudo hacerlo, con toda su parafernalia, de botes de plástico y cuerdas…pero con
todo el cariño de ser lo mejor que el podía llevar, para algunas personas no es
cuestión de dinero, en ese momento no, por favor, son otras cosas…
Y durante todos estos años, he hecho lo
que podía, hacía ramos primero y centros después con unos pocos claveles y lo
que crecía a mi alrededor…solo así sentía que hacia lo que debía.
Pero este año, este año ha sido
magnifico, mis tumbas, las de mi gente, están adornadas con las margaritas que
lucieron el día de la boda de mi hija, en mi casa y que por más que las hemos
regado no hemos conseguido arrancarles ni una flor hasta este día, que nos han
obsequiado con una explosión de flores, y dicen que la naturaleza no es sabia….
No son las mas caras, ni las más bonitas,
pero son las nuestras las que hemos criado, como el pino, nada podía cumplir la
tradición mejor.
Muy orgullosa me siento, de contribuir a
mantener las costumbres, a mi manera, pero haciendo honra a mis mayores,
que es importante.

